top of page
Buscar

Mi historia

 

Mi historia sobre marcharme de casa está ligada a mis años de estudiante. Hasta el momento en que tuve que mudarme, nunca había estado lejos de mi ciudad natal durante más de unos pocos días, y siempre por vacaciones.

 

De repente, me encontré en una ciudad nueva. Todo era emocionante, diferente y divertido. Me encanta descubrir lugares nuevos, pero...

 

Pasó una semana y empecé a darme cuenta de que no estaba de vacaciones: ¡tenía que vivir allí!

 

El comienzo fue emocionante, pero, a medida que fui conociendo el nuevo lugar, sufrí una intoxicación, no se bien si fue por la comida o por el agua. De repente, me encontré sola en mi pequeña habitación abuhardillada, con una ventana que daba al cielo. Estaba enferma, postrada en la cama, sin amigos cerca y sin teléfono —era hace mucho tiempo—, por lo que no podía buscar apoyo físico ni emocional.

Permanecí en cama durante diez días. Perdí diez kilos. Nadie vino a buscarme porque nadie sabía dónde encontrarme.

 

Fueron los diez días más desesperados de mi vida.

 

Ya había soportado muchas dificultades, pero aquel episodio me destrozó. Me obligó a replantearme quién era, cómo veía el mundo, mis relaciones e incluso el sentido de mi vida.

 

Con el tiempo, las cosas volvieron a encauzarse. Compartí mis datos de contacto con todo el mundo, hice amistades allí, pero cada viernes esperaba el tren de regreso a casa con lágrimas en los ojos, y también volvía en él llorando.

 

Cuando llegaba a la ciudad donde estudiaba, me recomponía. Lo que estaba estudiando me apasionaba y me hacía sentir realizada, pero no podía llenar los vacíos que aparecían con cada partida y cada regreso marcados por los horarios del tren.

 

Cada día me costaba más y más reunir fuerzas para levantarme por la mañana, hasta que, en un momento dado, simplemente me derrumbé: pérdida de peso, depresión, llanto constante...

 

Entonces tomé una decisión: voy a dejarlo todo. No puedo seguir así, me estoy desmoronando.

 

Hablé con mis profesores y les expliqué que necesitaba interrumpir mis estudios para cuidar de mí misma. Ellos insistieron enormemente en que continuara, porque veían potencial en mí.

 

Entonces me propusieron estudiar a distancia, una posibilidad que ni siquiera había considerado en medio de mi pánico. Estaba tan desesperada que no podía pensar con claridad.

 

Continué mis estudios de la forma que me sugirieron, pero solo viajaba allí cuatro veces al año, durante dos semanas cada vez.

 

Fue maravilloso. Estaba allí, pero solo por un tiempo limitado; sabía que volvería a casa.

 

Aprendí muchísimas lecciones, viví innumerables experiencias, aprendí muchísimo y gané muchísimo.

 

Yo era, no…no era quien realmente soy.

 


 
 
 

Comentarios


Contáctanos

Correo electrónico: info@mysite.com

  • Facebook
  • Instagram
  • YouTube

2025 Luz en el camino

Creative Commons "Atribución-No Comercial"

logo erasmus español 2 .png

Financiado por la Unión Europea. Las opiniones y puntos de vista expresados solo comprometen a su(s) autor(es) y no reflejan necesariamente los de la Unión Europea o los de la Agencia Ejecutiva Europea de Educación y Cultura (EACEA). Ni la Unión Europea ni la EACEA pueden ser considerados responsables de ellos.

bottom of page